Historia CHIA
En lo alto del templo mayor los guerreros jaguar se preparaban para salir a la guerra. Frente a ellos, el sacerdote principal ofrecía a los dioses un corazón y un plato lleno de semillas pintas. Al final de la ceremonia los guerreros vieron por ultima vez a sus esposas, estas les entregaron morrales llenos de maíz combinado con las mismas semillas pintas. Después, solo les quedo perderse en el horizonte del valles de México, mientras la ciudad depositaba su vida en ellos.
Con nada mas que su espada y sus morrales, los guerreros águila tenían todo lo que necesitaban. Las semillas pintas se obtenían de la planta de Salvia o Chía. Los aztecas dieron con las semillas de Chía en su peregrinaje al Valle de México.
En su paso por lo que ahora es Acatic, los aztecas descubrieron uno de los muchos secretos ocultos de la sierra de los Altos de Jalisco. Entre las cañadas descubrieron la planta de la Salvia, y en ella a la semilla de Chía, una semilla de color negro con blanco aparentemente ordinaria. Sin embargo, al comerla, descubrieron que podían resistir las largas caminatas a las que estaban condenados. Gracias a la Chía los aztecas pudieron ver el Valle de México en cuestión de meses.
Como agradecimiento los aztecas protegían a la semilla de Chía con recelo, guardándola solamente para los dioses y para los artes de la pintura, el comercio y la guerra. Mientras los guerreros fueran armados con su coraje y apoyados por los beneficios de la semilla de Chía, la victoria era segura y la ciudad azteca podía dormir en paz.